YA SE LA SABEN…

Las imágenes son fuertes, los usuarios de una “combi” de transporte público en la Ciudad de México tundieron a golpes y patadas a un asaltante que tuvo el infortunio de que su cómplice que tenía el arma para amagar a los pasajeros no alcanzara a subirse, dejándolo solo a merced de estos. Quizás si el desafortunado ladrón no hubiera amagado al grito de “A ver hijos de su puta madre, ya se la saben…” la golpiza no hubiera sido con tanta saña.

El hecho inundo las redes sociales y noticieros, pocos comentarios empáticos con el asaltante que terminó además de golpeado, desnudo en la vía pública, el sentir de la gente ha sido de gusto por lo que le sucedió, lo que debería en principio llamar la atención de las autoridades.

En México, según datos del Inegi, se cometieron durante 2018, 33 millones de delitos, asociados a 24.7 millones de víctimas, lo que significa que uno de cada tres hogares (33.9%) fue objeto de algún ilícito. Los principales delitos cometidos fueron robo o asalto en la calle, extorsión, fraude, robo de vehículo, amenazas, robo a casa habitación, de los cuales solo el 3 por ciento terminó en una sentencia, lo que nos habla de los altos índices de impunidad y la lentitud de la impartición de justicia en el país. Asimismo, en 93.2% de los delitos denunciados a través de la encuesta no hubo denuncia, o bien, la autoridad no inició una averiguación previa o carpeta de investigación, lo que demuestra que la llamada “cifra negra” (delitos no denunciados) es muy alta debido a la falta de confianza de los ciudadanos en las autoridades.

Ante esta realidad, no es de sorprendernos la cantidad de memes, comentarios sanguinarios y crueles contra el delincuente golpeado, no es la primera vez que se toma la justicia en propia mano, lo que sorprende es la parsimonia de la autoridad de todos los ámbitos de gobierno en las estrategias para detener los altos índices delictivos. No hay avances contundentes ni políticas encaminadas a la prevención del delito, por lo cual, ante este escenario de impunidad y falta de acción gubernamental, esperemos que la justicia siga siendo tomada por los ciudadanos, ante el beneplácito del juez supremo del internet de las cosas: Las benditas redes sociales.

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