TAPA BOCAS

Candidato a doctor en Administración Pública por la Universidad Anáhuac, ciudad de México.

El lunes 25 de mayo se cumplieron 89 días desde que el 27 de febrero de 2020, el Gobierno Federal México declaró el inicio de la Pandemia Covid-19, tiempo en el que empezó la contabilidad de personas que desgraciadamente se contagiaban y, de otras, que lamentablemente morían a causa del virus.

Ya desde aquella ocasión fue anunciado el modelo de vigilancia epidemiológica denominado “Centinela”, como es de opinión pública conocida, decenas de expertos médicos y matemáticos se han encargado de demostrar los errores del modelo elegido por el Dr. Hugo López Gattel, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud Federal, entre éstos dan cuenta de uno de los arbitrarios subregistros del número de contagios en la contabilidad diaria de los casos, explicación proporcionada por el médico más famoso de México concedida en entrevistas a medios internacionales, misma que señaló que los datos que presentaba el controvertido modelo se podrían multiplicar por 30 o 50 veces, o por ocho, que fue por la cantidad que optó finalmente.

Otra debilidad que ha mostrado la estrategia es el relativo a las pruebas de detección, no es ningún secreto la oposición que ha tenido López Gattel en su uso en contra del mortal virus, decisión que va en sentido contrario a las propias sugerencias de la Organización Mundial de la Salud, lineamientos que responden al sentido común (que luego es el menos común de los sentidos), mientras más pruebas, más detección, mientras más detección, mejor prevención.

En estos 89 días, el también designado vocero para informar de los resultados de la estrategia al combate al Coronavirus, se había encargado de minimizar el uso del cubre bocas como medida preventiva al letal contagio, hasta que el propio 25 de mayo referido se vio obligado a utilizarlo dentro de las instalaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social, el protocolo de seguridad sanitaria de ese Instituto así lo mandata, por la noche de ese mismo día, en su cotidiana conferencia de prensa rectificó su postura en contra de su uso, ahora informa que será una “medida auxiliar para evitar la propagación” de la enfermedad Covid-19.

Es inevitable que, con este nuevo cambio de sentido del doctor Hugo López-Gatell, surjan al menos dos preguntas: ¿Cuántos contagios se pudieron evitar si la recomendación del uso del cubre bocas se hubiera hecho el día uno de la Pandemia en México en lugar del 89? Consecuentemente brota el segundo cuestionamiento que estimado lector usted seguramente ya tiene en la mente, correcto ¿Cuántas muertes se pudieron evitar? Volveré con esto más adelante.

Un tema aparte son l@s admiradores de López Gattel, quienes también pareciese se miden en fases al unísono de la pandemia, en la fase uno fueron solo seguidores; para la fase dos dieron el brinco a la categoría de fans, ya para esta fase tres, después de la aparición del epidemiólogo en revistas rosas, de la famosa declamación, canción de reggetón, muñecos con su figura, etc., mutaron en fundamentalistas, pareciera que están a punto de formar una nueva religión que bien podría llamarse Gatteliana.

Sin embargo, a nadie debería sorprender que en México así suceda, un país con una población ávida, desde tiempos ancestrales, en tener ídolos, héroes, con un promedio nacional de escolaridad de 10.1 años, lo que implicaría un nivel equivalente al primer año de preparatoria, según los datos del Inegi en la encuesta más reciente realizada de este tópico en 2018; son más de nosotros las historias donde la pobre niña pobre se enamora y se casa con el joven de la casa, aquél que se fue a estudiar al extranjero y regresa con modales refinados, que el gusto por la ciencia.

En nuestro muy mexicano gen soñamos y creemos que en el siguiente mundial de futbol si llegaremos al ansiado quinto partido, sabedores inconscientes de que no será así; insisto, preferimos la telenovela que la ciencia, ésta es muy aburrida, aquélla nos hace fugarnos de nuestra realidad, la otra nos pone los pies en la tierra, pero ¡a quien le interesa!

Es en verdad impresionante la defensa que ejerce la feligresía Gatteliana en distintos espacios físicos o virtuales de convivencia al atreverse alguien a cuestionar los resultados que presenta cada tarde el Vocero para la Pandemia, seguramente muchos de ellos asisten a ver en su televisor sus conferencias vespertinas quizá con la soda, cerveza o vino de su preferencia prestos a disfrutar de la serie Gattel, pocos lo vemos con lápiz, papel y una calculadora.

Este cultismo no acepta diferentes razones científicas, optan por crear sus propias explicaciones para justificar los internacionalmente públicos desatinos de la estrategia escogida para combatir la pandemia o se convierten de manera oficiosa en voceros del vocero interpretando lo que el otro quiso decir, ellos siempre tienen otros datos, he sido testigo que la defensa a este nuevo culto ha costado amistades.

Algunos que en principio defendieron a ultranza las posiciones gattelianas, con el paso de los dos jueces más implacables que conoce la humanidad, que son el tiempo y la realidad, se han visto obligados en ir modificando su postura, van poco a poco matizando sus comentarios iniciales como una sutil goma que va desvaneciendo sus impetuosos inicios, otros no, se encuentran cada día más aferrados a defender sus propios dichos que en escudriñar a cabalidad los datos que se nos presentan. Fundamentalismo puro, dogma de fe, ¿Quién lo sabe?

Enumerar en este breve espacio las fallas que han detectado los expertos en salud como los doctores Chertorivsky, Pérez Gómez, Narro, Frenk o matemáticos como Arturo Erdely, entre muchos miembros de la comunidad científica, sería una labor titánica, quizá se podrían anotar solo tres fundamentales: falta de pruebas suficientes, elección errónea del modelo de vigilancia epidemiológica centinela, el cambio a ese opaco modelo de predicción encabezado por Conacyt, las constantes contradicciones en las explicaciones gattelianas, las demás imprecisiones son consecuencia de los vicios de origen.

Muy comentado fue el ejercicio que se llevó a cabo el 30 de abril donde se abrió el espacio para los niños con motivo de la celebración de su día, no abundaré en la copia que fue del que se realizó en Noruega, crear consciencia de los peligros y cuidados sanitarios que debemos tener desde etapas tempranas es orientador sin duda, sin embargo, esta misma práctica debería realizarse con los personajes que controvierten la estrategia federal de la pandemia, en el mundo científico es normal la contradicción, es en la contraposición de posturas donde se crea ciencia.

“Más del 50% del tiempo de un buen investigador se emplea en ver dónde te has equivocado. El método científico se basa en un espíritu crítico y escéptico, pero constructivo y razonado, y la certeza de que lo más probable que te puede ocurrir al tomar datos, analizarlos, interpretarlos y exponerlos en público es equivocarte.

Si lo más fácil es meter la pata, gran parte de nuestro trabajo como científicos es idear comprobaciones, test y experimentos que normalmente involucran tomar nuevos datos (además de tiempo y dinero), para detectar los muchos fallos que podemos haber cometido. Y cuando ya no se nos ocurran más test y nuestra interpretación de los datos haya sobrevivido a todos ellos, podremos decir que quizás hemos encontrado un resultado real. Y solo quizás porque seguramente científicos más inteligentes que nosotros y más datos probarán que estábamos equivocados o no habíamos captado toda la verdad”.

Que razón tiene el Dr. Pablo G. Pérez González, autor de los dos párrafos precedentes al referirse al tema de la controversia en la ciencia que planteo, el también profesor del Departamento de Astrofísica de la Universidad Complutense de Madrid, abunda mencionando que “con la discusión crítica, objetiva y veraz de las bondades, defectos y limitaciones de las teorías interpretativas, avanzamos en la comprensión de los problemas. Esto es trágico, muy triste e inquietante para disciplinas científicas como la medicina. Pero si la ciencia se enfrenta a lo desconocido, un virus nunca visto por ejemplo, a partir de lo conocido, errar es lo normal.”

Siguiendo a Pérez González, lo normal es errar ante lo desconocido, ahí no veo el problema, en donde si lo veo es en tres aspectos principalmente: la falta de voluntad de “un espíritu crítico y escéptico” para contrastar teorías, la raquítica transparencia al reportar los datos de la evolución de la pandemia y la falta de precisión en los pronósticos.

Para concluir, vuelvo al título de esta colaboración refiriéndome a que en distintos foros el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, se manifestó en contra del uso del cubre bocas, quizá donde fue más enfático fue en la conferencia vespertina del 27 de abril, donde insistió en que “no hay evidencia científica que demuestre que el uso de cubrebocas comunitario sea útil”y en contrapartida un mes después aconsejó el uso de una medida auxiliar en la transición hacia la «nueva normalidad».

En efecto, por irónica que es la vida, la herramienta que recomendó López Gattel como apoyo para evitar la propagación del virus, resultó ser, tapa bocas.

Por Juan Raúl Gutiérrez Zaragoza

Candidato a doctor en Administración Pública por la Universidad Anáhuac, ciudad de México.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *