Sin timón

Quizá la primera película que me sorprendió fue la que se tituló “Tiburón”, la edad infantil hizo su parte para mi precoz asombro, todavía tengo guardada en la memoria la escena final cuando el impresionante escualo se lía a muerte con su enemigo el diminuto barco, en comparación de los 8 metros del espeluznante carnívoro, explotando y siendo a la postre devorado por las profundidades del mar.

Viene a cuento esta remembranza en virtud de que el nacido en New York hace 56 años y Primer Ministro del Reino Unido desde el 24 de julio del año pasado, Alexander Boris de Pfeffel Johnson, minimizó la Pandemia del Coronavid-19, hasta el grado de bromear con el virus y hacer juegos de palabras entre el film cinematográfico y el maligno brote.

Me explico, el 14 de marzo anterior la televisora BBC de Londres daba cuenta del discurso del susodicho temerario líder del Partido Conservador, con motivo de una entrega de premios organizada por una asociación financiera británica, siendo el orador principal el también ex-alcalde de Londres, quien en su ocurrente estilo improvisado de emitir sus mensajes, que no pocas veces le lleva a arenas movedizas, ponderó al imaginario alcalde peliculesco del pueblo de Amity, mencionando:»Y por eso, mi héroe político es el alcalde de ‘Tiburón».

Y, encarrerado en la profundidad de su reflexión señaló ante un público a modo: «¡Sí, porque él mantuvo abiertas las playas!”, en la emoción que les produce a muchos políticos hablar frente al espejo, pronunció otra joya discursiva memorable, ya con voz más potente expresó: “¡Sí, él rechazó, desdeñó y anuló todas esas estúpidas regulaciones sobre salud y seguridad y anunció que la gente debía nadar!».

No podía faltar la metáfora del que se considera guía y pastor de su pueblo: «Eso sí, acepto que a resultas de ello el tiburón se comió a algunos niños. ¿Pero cuánto placer obtuvo la mayoría en esas playas gracias a la valentía del alcalde de ‘Tiburón’?».

Recordemos que en largometraje aludido el Alcalde de Amity se niega a cerrar la playa, desdeñando con miopía el problema al que se enfrentaba, mientras uno en papel de espectador desesperado por el lógico problema inminente gritaba ¡ciérrala!, en el desarrollo de su actuar se acrecienta más la incompetencia para el cargo, hasta que por decisiones equivocadas provocadas por un mundo irreal que solo pasaba por la mente del electo llegó la desgracia y murieron varios bañistas en los dientes del gran tiburón blanco.
Estoy seguro que nuestro personaje desde que fue internado en el hospital para hacerse las pruebas correspondientes a corroborar si estaba contagiado o no del Coronavirus se le empezó a borrar la sonrisa evidenciada en el discurso aludido, y terminó por esfumársele ayer que fue ingresado a terapia intensiva.

Atrás quedaron los días de risa y de su estrategia inicial fallida, para su posterior rectificación y aceptar por fin la expansión del virus, si corregir no tiene nada de malo, el problema es que desde posiciones de poder en casos como el que nos ocupa en el mundo, los errores causan vidas humanas, si te vas a equivocar, porque esta epidemia es inédita y no hay caminos recorridos, busca que tu equivocación sea la que cause menos daño, en los rodajes se dice corte, en la realidad se dice en paz descanse, no te fijes en quienes tienen la palabra exagerado a flor de labio, esos ya matizarán su discurso ante la contundencia de los hechos.

Por lo pronto Boris Johnson ha pedido al ministro de Relaciones Exteriores, Dominic Raab, “… que lo reemplace en lo que sea necesario», según informó el vocero de Downing Street en un comunicado, se espera que el Primer Ministro corra la misma suerte que su ministro de Sanidad, Matt Hancock, y el príncipe Carlos, que superaron la enfermedad. ¿Y si no?

Si no, es posible que Johnson deje temporal o definitivamente el cargo, qué tan probable sea dependerá de su condición física y que no tenga enfermedades de morbilidad alta pre-existentes. Ya dejó un funcionario encargado para el primer caso, para el segundo se tendría que elegir a un nuevo Primer Ministro, y que la Reina “lo invite a formar gobierno”.

Gran Bretaña podría quedarse sin timón.

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