SI EL PRESIDENTE TIENE MIEDO, TODOS TENEMOS MIEDO

Creo que en la historia moderna de México, no habíamos vivido una semana, como esta, que está por terminar.

Oaxaca, Guanajuato, Muchoacán, y la cereza del pastel, Sinaloa.

Una semana para el olvido, si no fuera, porque hay cosas que no pueden borrarse de la memoria.

No es para asustarse por hechos aislados, pero en la administración de la maltrecha 4T, ya es demasiado.

Está frecuencia de hechos de sangre nos preocupa y nos asusta, pero cuando vemos a un Presidente desorientado y más asustado que nosotros, nos aterra.

Está semana, señores, el Estado mexicano claudicó a sus deberes, y se puso de rodilla ante un mozalbete, que derrotó a las fuerzas de seguridad, incluyendo al Ejército, del Estado Mexicano.

Así de grueso está el asunto.

Acabó de ver a un Andrés Manuel López Obrador, otrora ave de tempestades y de gran carisma, como un Presidente asustado, desorientado y acorralado. Un Presidente que no puede. Un presidente grande, que se hace chiquito, un hombre poderoso, que en estos momentos, si pudiera, se iría mucho a la Chingada.

Cuando el Presidente tiene miedo, todos tenemos miedo.

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