Sabia virtud de conocer el...

Sabia virtud de conocer el...

Tiempo, concepto tan difícil de definir, comprender y sobre todo de tener. Quizá se pueda encontrar coincidencia en su significado cuando escuchamos a físicos señalar que éste pasa por la separación de los acontecimientos que son sometidos al cambio para que los acontecimientos sean organizados en secuencias, permitiendo determinar el pasado, el presente y el futuro.

No tardarán muchos especialistas en epidemiología y otras ramas de la ciencia en realizar un cálculo respecto del tiempo que se llevará en vacunar a toda la población susceptible de aplicar el biológico que contrastará con el ya presentado por la Secretaría de Salud Federal en el Plan Nacional de Vacunación para la Covid-19, el que escribe con ábaco en mano empezó este análisis el jueves 7 de enero en el programa radiofónico “Tela de Juicio” en Guadalajara, Jalisco, el cual comparto enseguida:

Según el Consejo Nacional de población (CONAPO) en México la población total de mayores de 15 años es de 94’830,134. El Plan Nacional de Vacunación referido consta de 5 etapas, la primera inició el 24 de diciembre y culminará completamente en marzo de 2022.

Hasta aquí todo bien, sin embargo, para que se cumpla en tiempo el Plan propuesto, al día de ayer a 22 días del inicio de esta estrategia se llevaban aplicadas 415,417 vacunas, es decir, un promedio de 18,882 diarias, a este ritmo cuando se cumpla el primer mes de la implementación (en ocho días más) se habrán aplicado aproximadamente 585,360 dosis.

Faltan 15 meses para llegar a marzo de 2022, a este ritmo mensual solo 8’780,404 millones de mexicanos habrán alcanzado la vacuna, lo que significaría que necesitaríamos casi 11 años para llegar a la cifra de 94 millones, es decir, en el año 2031.

Así que para llegar al mes del Dios romano de la guerra de 2022 con todo México susceptible de ser vacunado, la velocidad de la aplicación del multicitado biológico tendría que ser del orden de 6’322,008 mensuales en lugar del actual promedio de 585 mil.

Esta preocupación no es exclusiva de las ciencias de la salud, también de las económicas, Arturo Herrera, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), señaló con razón apenas el 12 de enero pasado que “la rapidez con la cual se aplique la vacuna contra Covid-19 a la población mexicana no sólo ayudará a combatir la pandemia, sino también a reactivar la economía del país”

Esta intranquilidad no pasó desapercibida para el extitular del Instituto Mexicano del Seguro Social y Senador de la República por Morena, Germán Martínez, que hace unos días, señaló que lejos de ser una solución o cura, el medicamento “va a ser un problema más en este país, para que el dolor del coronavirus sea doble en México, si no hay logística en la campaña de vacunación y si Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, anda de vacaciones”

Directo como es el legislador michoacano aseguró que la vacuna contra la COVID-19 “apunta a ser un fracaso más de México ante la pandemia del coronavirus, lejos de ser una solución o cura, el medicamento va a ser un problema más en este país, para que el dolor del coronavirus sea doble en México”

Por el bien de todos deseo que Martínez Cázares no tenga razón y que la estrategia planteada logre el mayor de los éxitos a este esfuerzo que realizan las autoridades por traernos la vacuna con la oportunidad necesaria, para reducir lo más posible el escenario que plantea el Dr. Héctor Hernández Bringas, investigador del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, a quienes muchos recordamos por el estudio que realizó respecto de la asociación entre las actas de defunción y los decesos directos o indirectos a consecuencia del coronavirus, quien afirmó que “un día que se pierde de vacunación son 1000 personas que mueren al día”.

No tengo claro si el Senador Martínez o el Dr. López Gatell tendrán razón al final de esta pesadilla pandémica, de lo que estoy seguro es de dos cosas que México no tiene tiempo y que me gusta más el soneto de Leduc.

Por Juan Raúl Gutiérrez Zaragoza

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