Roja impunidad

Roja impunidad

Dos notas aparecidas en el diario “Mural” me llaman la atención, de cara al incremento de la violencia que padecemos en el área metropolitana de Guadalajara, la primera de ellas refiera que nuestra urbe se encuentra en el top de las ciudades con mayor número de conflictos y conductas antisociales entre vecinos, destacando causas como el exceso de ruido, la quema de basura, los pleitos por lugares de estacionamiento, con las mascotas, por chismes o por estar en estado de ebriedad.

Un promedio de 54 por ciento de encuestados refirió haber tenido en más de una ocasión diferencias con sus vecinos.

La segunda nota señala a Jalisco como uno de los estados del país con mayor índice de impunidad es del 96,2 esto es, solo 3,8 ilícitos son concluidos con una sentencia, debido en su mayoría a la ineficiencia del trabajo de la Fiscalía en la integración de las carpetas y en llevar a los indiciados a juicio, apenas 1 por ciento de los casos penales se resolvieron. Esta es una razón de peso para que lejos de denunciar, se tome justicia por propia mano al saber de la lentitud y mala administración de las instituciones que deberían garantizarla de manera pronta y expedita.

Según datos del Inegi, el 40 por ciento de los casos de violencia en el país no corresponden al crimen organizado, lo que deja entrever que de 100 homicidios que se cometen, 40 son realizados por otras causas, primordialmente por los conflictos en la familia o entre vecinos, ante la mirada abúlica de la autoridad.

Seamos claros, vivir en una ciudad como Guadalajara, mal diseñada para la convivencia social, debería ser motivo suficiente para que la autoridad priorice en la prevención de conductas violentas y en la reconstrucción del tejido social; los programas de mediación de conflictos y la presencia de la policía no han sido efectivas y se carece de estrategias inteligentes para lograr la armonía entre los que aquí vivimos, más aun por la alta carga de estrés que padece una gran parte de la sociedad derivada de las medidas de confinamiento y las consecuencias lamentables de pérdida de empleo e ingresos. Ninguna autoridad ha dado importancia a atender la salud mental de los habitantes, mucho menos prevenir y evitar los conflictos entre vecinos, pintándole otra raya más al tigre, que cada día es más indomable y fiero.

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