¿QUÉ HAY DETRÁS DE UN DICTADOR?

¿QUÉ HAY DETRÁS DE UN DICTADOR?

Por Mtro. Juan Raúl Gutiérrez Zaragoza

Platicando con Becky Reynoso, titular de este espacio, me comprometí a escribir lo que pienso de las dictaduras, esto a raíz de los sucesos acontecidos en Cuba a últimas fechas, ya entrado en el tema es inevitable que me vengan a la memoria el tema de los dictadores en el mundo y de que es lo que pasa por su cabeza, hagamos un apretado recuento de algunos de estos personajes para después abordar algunos rasgos comunes en ellos.

Empecemos con uno de los más emblemáticos Mao Zedong, este líder de la Revolución Comunista en China estuvo 27 años en el poder.

Josef Stalin se desempeñó como secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1922 a 1952, 30 años en la cumbre.
 
Hitler 12 años al frente.
 
El caso más simbólico que identifico por su vigencia es el de la actual Rusia, en el siglo XXI Rusia sólo ha tenido a un hombre en el poder: Vladimir Putin, lleva desde 1999 al frente, ¿cómo lo ha logrado? se preguntará, pues encubriendo con maniobras leguleyas que le han permitido cambiar de primer ministro designado a presidente elegido, de regreso a primer ministro, de nuevo a presidente, se religió en este cargo y en abril de 2021 firmó la ley que le permitirá seguir en el cargo dos mandatos más de seis años, lo que le da posibilidad de continuar en el poder hasta 2036, es decir actualmente lleva 21 años y se pudiese extender 15 años más.
 
Ya en América Latina se tienen a varios nombres como ejemplos, en primer lugar, recordemos a Pinochet con sus 17 años al frente de Chile o a Fidel Castro con sus cuatro períodos que suman en total 50 años, se retira solo para darle paso a Raúl su hermano que dura 12, sumando entre los dos 62 años en el poder. Hugo Rafael Chávez Frías en Venezuela y sus 14 años, Nicolás Maduro lleva 8 para concluir en 4 años más su mandato, con ganas de ampliarlo. Evo Morales en Bolivia estuvo 13 años, Rafael Correa en Ecuador gobernó por 10 años, cuatro meses y nueve días.
 
En este tenor, el primer riesgo detectable es el anhelo que tiene el dictador en no dejar el poder, para ello requiere de dos cosas esenciales: aliados convenientes y leer en diminutivo. Los aliados a su vez se caracterizan por ser los operadores del deseo de aquél, suelen ser sumisos ante la orden del “líder”, no vaya a ser que se moleste, en el fondo ansían el trono, pero no se atreven a romper, le apuestan a la paciencia y a la herencia del cargo, como si solo tuviera valor el deseo del ensillado, atienden instrucciones, viven todavía en un mundo vertical.

Así, Putin tiene a Medvedev, Stalin tuvo a Mólotov, Fidel a su hermano, Chávez a Maduro, Mao a Hua Guofeng, entre otros.; esta táctica del segundo agazapado funciona, a veces, en las dictaduras, no en democracia, veamos en la inmediatez, en México Salinas no pudo dejar a Colosio, Zedillo entregó el poder a Fox, éste no pudo imponer a Creel, Calderón no pudo dejar a Juan Camilo, Peña también entregó la banda a alguien ajeno a él, se impuso la votación a la imposición.

Dentro de este pequeño muestreo no debemos olvidar los casos de nuestro Fidel, de Jongitud Barrios, de la maestra, de la Quina, y otros tantos líderes sindicales perpetuados en el poder.

Por otra parte, la lectura en pequeño versa sobre la interpretación a modo de la normatividad, tratan de asustar al potencial electorado haciendo señalamientos de que si no se sigue al pie de la letra su interpretación se caerá en ilegalidades, dejando de lado la voluntad popular con sus otras ópticas.

Ya es un foco de atención cuando un mandatario llega con el voto popular y le busca la letra chiquita a las leyes para extender su mandato, aquí en México para pronta memoria encontramos el caso de Jaime Bonilla en Baja California o el del Ministro Arturo Zaldívar, que a través de un artículo transitorio se pretende ampliar su Presidencia en la Suprema Corte de Justicia, no en pocas ocasiones el actuar de esa manera hace que el dictador no consiga el propósito buscado y se vaya del poder justamente así, chiquito.

Una cosa es tener el poder, otra es creer tenerlo y una diferente es ser líder, muchos se confunden y en esa confusión arrastran la imagen y prestigio que algún día tuvieron con sus dirigidos.

Otro rasgo común es el disfrazar sus ambiciones con reelecciones interminables justificando sus deseos con recursos más que jurídicos, legaloides, por ello es difícil encontrar en la historia universal a un dictador que haya terminado bien.

Estos personajes siempre se las tratan de arreglar para de alguna forma, fuera del sentido común, aferrarse al poder. Pareciera que los dictadores en esa soberbia dejan de escuchar voces externas que le lanzan alertas para el retiro y solo escuchan los cánticos internos transformados en loas imaginarias. El auto engaño.

Empero, las dictaduras no solo se viven en el ámbito político, se pueden encontrar esas características en personas que interactúan en distintos espacios de nuestra vida cotidiana.

¿Los rasgos descritos solo suceden en la esfera pública?, por supuesto que no, al ser el poder un anhelo humano también encuentra eco en la esfera privada, ¿cuáles casos vienen a usted? Ya recordó alguna asociación de padres de familia, de su club deportivo, de la asociación de condóminos, de su asociación filantrópica o alguna otra que sepa o pertenezca, a poco no se le vino al cerebro una persona con esos rasgos dictatoriales dentro de su entorno. Tenga cuidado puede tener a su lado a un dictador en la agrupación a la que pertenezca.

¿Cómo detectarlos? Una característica que no falla es darse cuenta que para sacar adelante sus proyectos utilizan más el verbo imponer que el de convencer, cuidado, hágale caso a la alerta y soluciónelo mientras pueda.

Quizá por esto Rousseau al ser un gran conocedor del comportamiento humano forjó el concepto de voluntad popular: el poder emana del pueblo, no del gobernante. El pueblo elige sus autoridades y les delega tareas.

Kant criticaba al despotismo, pues un régimen paternalista —imperium paternale— considera a su población en la perpetua infancia. Mill insistía en la protección de todas las opiniones.

Coincido con Frank Velázquez cuando señala que tiranos, dictadores y déspotas existen en todas las tiendas políticas. Su nombre y la amplitud de sus ambiciones ha cambiado con el tiempo, pero no el espíritu detrás: codiciar el poder y atrincherarse en el mismo, por un lado, y controlar la vida de los ciudadanos impidiendo o mandando lo que a ellos les place, por el otro.
 
En la parte psiquiátrica parece que hay consenso en el diagnóstico del dictador, en el lóbulo frontal inferior del cerebro se encuentra el circuito que probablemente se haya dañado en los dictadores psicópatas, donde se inhiben los impulsos agresivos creados en las amígdalas. Las personas con baja actividad en esta zona están especialmente predispuestos a comportamientos impulsivos o psicopáticos.

Dicho de otra manera, cuando nos enfrentamos a dilemas morales, cuando nos debatimos entre el ángel y el demonio que llevamos dentro, esta parte del cerebro se activa. De cualquier forma, cuando el centro del lóbulo frontal está malformado o dañado, fracasa en activarse y la amígdala del lóbulo temporal se apodera de los controles de comportamiento, así el miedo, la rabia, el deseo sexual y la memoria emocional entre otras cosas, no encuentran regulación, esta parte del cerebro está directamente conectada al hipotálamo, cuyo funcionamiento se desregula en personas con problemas emocionales. 

La doctora Valeria López, Profesora investigadora de la Universidad Anáhuac ha mencionado que los dictadores no tienen vergüenza, ni por sus acciones ni por su ignorancia; mienten con la boca llena de soberbia; dramatizan sus discursos y nos muestran las manos como si estuvieran limpias. Pero, detrás de sus carnes, esconden la podredumbre de su conducta.
 
Son los Putin, los Erdogan, los Trump, los Maduro y otros tantos más.

Son los que tuercen las leyes para humillar a sus ciudadanos; son los que se creen merecedores del respeto de los demás, son los que no tienen autocrítica, son los que piensan que la culpa nunca es propia, siempre es de otros.

Concluye describiendo cinco características comunes a todos ellos: son caprichosos, se conforman con lo inmediato, viven en un sinsentido ético, tienen más ambición que talento y el respeto se les agota en el ombligo, añadiría la baja autoestima y una inmensa soledad.

Frente a los dictadores solemos cometer un mismo error: confundir locura con maldad, pues es más sencillo descartarlos por falta de salud que enfrentar la perversidad de sus acciones. Y esto, me parece, no puede ocurrir más. Es indispensable que cuando se revele la genética dictatorial del que ostenta el poder y se aferre a él, sepamos frenarlo de inmediato.

Y no, tampoco es fácil lidiar con ellos.

*Profesor de El Colegio de Jalisco


 

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