NARCO Y ESTADO FALLIDO

Por Alfonso García Sevilla

El sociólogo alemán Max Weber afirmó que el Estado ejerce el monopolio de la violencia por definición. Pero añadía que esa facultad debe cumplirse mediante un proceso de legitimación, que los subordinados aceptan el poder basándose en la santidad, heroísmo o ejemplaridad de quien lo ejerce o de una legitimidad racional donde los subordinados aceptan el poder de acuerdo con motivaciones objetivas e impersonales que deviene en sinónimo de legalidad.

De esta manera son los cuerpos de seguridad en sus diferentes ámbitos de gobierno, los que pueden aplicar la violencia en aras de mantener el orden público. Lamentablemente, durante el presente año, según Causa en Común, una ONG que aborda las precarias condiciones con que operan las fuerzas policiales en México, refiere que durante 2019 fueron asesinados 429 y durante 2020 van alrededor de 200 policías caídos.

Asimismo, las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública lo confirman: durante 2019, en México se registraron 35,000 homicidios, y en lo que va del año van alrededor de 5,000

Pasa el tiempo y la violencia no cede, ni la delincuencia organizada da tregua, las estrategias del Estado mexicano no son contundentes para controlarla, mucho menos erradicarla, por el contrario, esta cuarentena obligada por la epidemia del coronavirus sigue evidenciando el poder del narco y del crimen organizado, a plena luz del día repartiendo despensas en zonas concurridas sin ser molestados además de tener regiones del país bajo su autoridad, ante la complacencia y omisión de los gobiernos de los diferentes ámbitos

Esto nos pone en riesgo de caer en lo que se denomina “Estado Fallido”, el cual se puede definir como:

“Entre las prioridades más características de los Estados fallidos figura el que no protegen a sus ciudadanos de la violencia –y tal vez inclusión de la destrucción– o que quienes toman las decisiones otorgan a esas inquietudes una prioridad inferior a la del poder y la riqueza a corto plazo de los sectores dominantes del Estado. Otra característica de los Estados fallidos es que son estados forajidos, cuyas cúpulas se desentiende con desdén del derecho y los tratados internacionales” (Chomsky, 2007, p. 49).

Aunado a ello, nuestro país enfrenta una grave crisis en materia de protección a los derechos humanos de la población, la impunidad y la corrupción son dos factores que impiden la justicia, y que de la misma forma no hay indicios de que mejoren, por lo que vale la pena preguntarse si estamos viviendo en el inicio de un Estado Fallido

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *