Max Weber a 100 años de su muerte

La responsabilidad también es efectividad
Luis F. Aguilar.

El pasado 14 de junio se cumplieron cien años de la muerte del ilustre prusiano Max Weber, considerado por amplio sector académico como uno de los padres fundadores de la sociología moderna, su vasta obra ha sido faro para tener una visión más compleja de la historia y la evolución social, de él se destaca, entre otras cosas, el establecimiento de los fundamentos del método de trabajo de la sociología moderna a base de construir modelos teóricos que centraban el análisis y la discusión sobre conceptos rigurosos.

A raíz de este recordatorio luctuoso, el día de ayer tuve ocasión de participar en una webinar, que organizó el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD), donde el Dr. Luis F. Aguilar, disertó respecto a la relación entre modernidad y racionalidad en el pensamiento de Weber, decir que la exposición de Aguilar fue brillante es ya de uso frecuente, evidenció la vigencia de esos postulados en el mundo actual.

El Investigador Nacional Emérito del Sistema Nacional de Investigadores, se ha adentrado desde hace mucho tiempo a la obra weberiana, quizá su primer acercamiento llega del lado de la filosofía de la historia, en su estancia en Roma al analizar a Fichte y Schelling, o al casual descubrimiento de «El principio de la esperanza» de Bloch o al asistir en Alemania a un seminario especializado sobre Weber o cuando regresa a México para 1973 a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde se encargó de impartir la cátedra de Teoría Sociológica.

Imagino el escepticismo que causaría Aguilar en la UNAM al estudiar a Weber en una época eminentemente marxista, supongo que en aquel momento había un exceso de investigadores que manejaban con fuerza y pertinencia el materialismo histórico (incluyendo al propio Aguilar, recordemos que estudió a Bloch), y pocos adentrados en la enredada y confusa discusión sobre la distinción entre valores y hechos de Weber.

No me queda claro cuándo o dónde exactamente el doctor Aguilar empezó su relación con Weber, de lo que no tengo duda es que muy pocas personas en el mundo académico pueden definir con claridad todas las posturas intelectuales que dicen sus críticos adoptó a través de su vida el autor de “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”: “el Marx burgués”, el metódologo creador del tipo ideal, Weber paradigma del sociólogo no comprometido, aristocráticamente escéptico, Weber el idealista ingenuo, precientífico, sostenedor de la eficacia causal de las ideas religiosas en la historia; el ideólogo de la impotencia política de la pequeña burguesía alemana, el propagandista de la idea de Occidente. O bien Weber desarrollista, el funcionalista, el nacional- imperialista, el fascista, el prehitleriano (Nexos, 1981)

Ya entrados en el tema de la conferencia me atrevo a mencionar la razón que tiene el Dr. Luis Aguilar cuando propone que la acción racional debe contener tres elementos fundamentales: intencionalidad, causalidad y efectividad. Entendiendo a la intención como la voluntad de accionar con un sentido determinado, la causa como un pensamiento que se sabe fundador de una actividad y a la efectividad como desenlace obligado de la intención y la causa.

Es por ello que al aplicar una política pública se debe poner mucha atención en estas variables, el verdadero profesional que las ejecute no podrá alegar el desconocimiento de los tres factores antes descritos, y habrá de poner énfasis en el de la efectividad.
Me explico, los ciudadanos hemos ganado la batalla de alcanzar el reconocimiento de nuestra voluntad expresada en un voto, triunfo de la democracia participativa, sin embargo, ahora la lucha que nos corresponde es la de llegar a que el triunfo del reconocimiento del sufragio se traduzca en acciones racionales efectivas en el ejercicio de gobierno de quien resultó electo.

La efectividad cuenta como características principales el cálculo y el control de las acciones, Aguilar Villanueva nos recuerda que a éstas, le debemos añadir la supervisión jerárquica y ciudadana en el desempeño del autor de justamente esas acciones, para cerciorarnos de que sean pertinentes, útiles, que solucionen una problemática social y que sus ejecutores las lleven a cabo con conocimiento experto y un mínimo ético de principios y valores.

El gobernante debe ser más efectivo que discursivo, de nada le sirve a los que votaron a favor o en contra de tal o cual representante, si su narrativa no se traslada a los hechos, ojo, no a cualquier hecho, sino en este momento los que estén revestidos de acciones efectivas.

Para los que nos dedicamos al estudio y aplicación de políticas públicas es necesario reflexionar en que no basta con tener pensamientos brillantes, debemos ser efectivos, busquemos los resultados que resuelvan, para ello el Dr. Aguilar nos orienta señalándonos que debemos tener cuidado en tener fines ordenados, bases de datos amplias, controles de ejecución, personal experto y aprovechar todas las herramientas tecnológicas posibles.

Con la llegada de la pandemia muchos nos terminamos de dar cuenta que es innegable la irrupción de la ciencia en nuestra cotidianeidad, en especial la burocrática, por lo que tendremos que ser cautos en su utilización, este conjunto de conocimientos nos sirve para sistematizar datos y prevenir la ocurrencia de hechos, sin embargo, esta ciencia no tiene la capacidad de establecer principios y valores.

Aquí es donde toma relevancia el reestablecer en el mundo post pandémico una redefinición de principios y valores como estándares mínimos para la convivencia futura, no esperemos que el virus nos arroje como resultado social los contenidos que resuelvan a la pregunta de ¿cómo debemos empezar a pensar? La normalidad enseguida del covid-19 solo nos mostrará el índice, por lo pronto propongo introducir dentro de sus primeros capítulos el tema de la responsabilidad racional en sus tres dimensiones: la estatal, la social y la individual.

Por Juan Raúl Gutiérrez Zaragoza

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