LA LOSA DE CADA AÑO O UN CLAVO MÁS AL ATAUD

Hoy se cumplen los primeros 69 años en que el Atlas no obtiene un campeonato, y en palabras del señor Francisco Javier Zaragoza Hernández, quien este año de 2020 cumple 90, y asistió teniendo 21 años a aquel partido celebrado entre el Atlas y el Guadalajara que le otorgó a los rojinegros los puntos necesarios para campeonar, y conocedor empírico del fut-bol de antaño, ante la pregunta expresa del porqué consideraba que los margaritas no habían obtenido otro campeonato en tanto tiempo contestó: “muy fácil Raúl, porque nadie ha vuelto a hacerles un regalo tan grande como el de 1951, donde recuerdo que ese domingo en la disputa del partido contra el Guadalajara en el Estadio Martínez Sandoval, al que todos conocíamos mejor como Parque Oro, allá por la por la de Gigantes, los dirigidos entonces por el argentino Eduardo El Che Valdatti, el “Cuate” Salceda árbitro central se sacó de la manga un penal en contra de las chivas, para los que estábamos presentes fue claro que el balón le pegó en el hombro y no en la mano de “El Rafles” Orozco, yo fui boxeador amateur y distingo perfectamente entre las partes de un brazo”.

Buscando el dato de la época me encontré que jugaba como delantero para el Atlas el oriundo de Costa Rica, Edwin Cubero (el mismo de las mudanzas) quien materializó la pifia arbitral marcando el deshonroso gol con el que se concretó el obsequio señalado. Un diario de esos ayeres publicó en sus páginas “Gran injusticia cometió el Cuate Salceda”.

“Por ese motivo el Cuate Salceda ha empañado el título para los del Paradero, ya que el Rafles no detuvo intencionalmente la pelota y mucho menos en la forma que lo indican los reglamentos que debe marcarse la pena máxima cuando se evita un gol seguro (el balón no llevaba dirección de portería)”, aseguró el especialista Magog en su acostumbrada columna futbolística publicada el 23 de abril de 1951.

Desde esa fecha es un misterio porque este equipo es uno de tantos del montón destinado al fracaso, a pesar de que por sus filas han pasado buenos jugadores desde Zetter, Raúl “El Inglés” Córdoba, José “El Chivo” Mercado, Felipe Velázquez, Jesús “La Chita Aldrete”, “Dumbo” López, , Ornelas, Guillermo del Valle, Javier Novello, Juan José Novo, hasta Rafael Márquez, pasando por Pepe Delgado, Chavarín, José Luis Herrera, Abel Verónico, Héctor Chumpitaz, Rafael Albrecht, Brambila, y en épocas más recientes Oswaldo Sánchez, “el Chato” Rodríguez, Osorno, Guardado, Andrade, Pardo y otros tantos que han dado muestras de calidad en el balompié nacional y alguno que otro en el internacional.

También han militado en sus filas técnicos de renombre que no han podido revertir el espinoso camino plagado de fracasos y desventuras:

Marcelo Bielsa, Tomás Boy, Miguel Ángel Brindisi, Luis Garisto, Ricardo La Volpe, Enrique Meza, José Luis Real, Carlos Reinoso, Rubén Omar Romano, Eduardo Solari , Leo Beenhakker, Mario Zanabria, Luis Garisto, Arpad Fekete, Alfonso Portugal, György Marik, Benjamín Galindo, Enrique Meza, Gustavo Matosas.

Así es, vemos que argentinos, mexicanos, húngaros, holandeses (hoy países bajos) chilenos, uruguayos y entrenadores de diversas nacionalidades no han sido capaces de encontrar la fórmula de lograr un campeonato para los de rojo y negro, pareciera que en este mundo nadie cuenta con ese talento, ¿será necesario buscar fuera de la tierra?

Habitan en un gran estadio donde han pisado su cancha oncenas con prosapia y llenas de triunfos y trofeos en sus vitrinas, ni así se han contagiado. Directivos de altura también los ha habido y no han podido revertir el sendero de la decepción perenne. Nunca se han alineado Directiva, cuerpo técnico y jugadores para obtener campeonatos, pareciera que cuando el “ata” tiene dinero para la peineta, “chachita” se corta el pelo.

¿Qué les faltará? Es una pregunta recurrente desde hace casi siete décadas completas, viven y conviven en una ciudad de triunfadores en muchas artes y deportes: Checo Pérez, Lorena Ochoa, Carlos Santana, Ximena Navarrete, Jacqueline Bracamontes, Guillermo del Toro, el Campeonísimo Guadalajara, Charros de Jalisco, Saúl Álvarez, José Becerra, Efrén Torres, Rafael Herrera, Antonio Avelar, Manuel Capetillo, Pepe Ortiz, los jaliscienses de menor edad dominando por 20 años consecutivos las Olimpiadas nacionales juveniles y tantos etcéteras, pero ni así se han impregnado de un ADN triunfador.

Su desventura inicia justo después del regalo del 51, ahí se forjó la bolita de nieve arrojada desde una altura que haría que el Himalaya palideciera, imaginémonos el tamaño que ha adquirido para estas fechas aquel diminuto pedazo de hielo, tiempo donde se han acumulado traumas, pesadumbres y frustraciones, pero aquí no termina la pesadilla, lo peor son dos cosas: una, que no se ve a corto, mediano, largo o larguísimo plazo como revertir la permanente cadena interminable e ininterrumpida de tumbos y sinsabores y, la otra, que se ha vuelto una penosa costumbre que a no pocos ciega y hacen que vuelva la enciclopedia de falsas e inverosímiles coartadas alejadas años luz de un ápice de verdad, solo para tratar en vano de ocultar la dolorosa penitencia.
Es difícil imaginar una actividad deportiva en México a la que se le hayan inventado más excusas y pretextos como como en el fut-bol al Atlas y sus permanentes penurias, admiro la creatividad para crear en la imaginación historias que infructuosamente pretenden ser justificadoras del fondo del océano en el que pareciera estar acostumbrados a estar desde hace lustros, ese es su mar y ahí navegan, ya cómodos, ya resignados.

Si algún extranjero o gente que no esté familiarizada con el entorno futbolístico de nuestro país, lee esta narrativa le parecería sacado de un libro de fantasía, y se sorprendería que eso es lo que realmente pasa en una maldición tridimensional de pasado, presente y futuro, materializando alguna teoría de Einstein.

A este extranjero para darle una justa dimensión a lo leído le tendríamos que dar cuenta de que en ese enorme lapso de oscuridad futbolística para esta escuadra nacida en 1916, primero en el mundo han sucedido cosas y cambios difíciles de creer en muchos terrenos a que el aludido equipo haya ganado otro campeonato por mérito propio o por el modo anterior, veamos: el hombre ha llegado a la luna, surgió la primera tarjeta de crédito, la fotocopiadora, la videocasetera, la bomba de hidrógeno, el cinemascopio, la primera central nuclear para producir electricidad, el trasplante de riñón, la fertilización in vitro, los anticonceptivos orales, el lanzamiento de satélites, las primeras conexiones interoceánicas con fibra óptica, el celular, el desarrollo de la tecnología digital, el código de barras, la tomografía axial computarizada, la impresora en tres dimensiones, la tecnología de biotintas para reproducir piel humana entre otros tantos, también se derrumbó el bloque soviético, culminó la guerra fría, Estados Unidos tuvo un Presidente actor y otro de color serio, en el Vaticano hay un latino como sustituto de San Pedro, México ha albergado unos Juegos Olímpicos, dos mundiales de fut-bol, el PRI ha perdido tres veces la Presidencia de la República, nació y salió del aire el programa “En Familia con Chabelo”, Siempre en Domingo dejó de transmitir, se cayó el Muro de Berlín y el niño de la vecindad del ocho creció y murió.

Y en lo eminentemente futbolístico se percataría que equipos del nivel de el del Paradero (unos vigentes todavía y otros desaparecidos) han ganado desde 1951 campeonatos y éste no: el Puebla ha obtenido dos títulos al igual que el Zacatepec; el Oro, Morelia, Tecos, Tampico y el Marte uno, por ejemplo; también hay cuadros de niveles superiores que en ese mismo lapso de tiempo han ganado campeonatos en repetidas ocasiones que no tiene caso mezclar con el que hoy me ocupa, son de otra estatura.

A este foráneo tendríamos que intentar explicarle con mucho tacto que por más extraño, ilógico, contradictorio, absurdo, disparatado, incongruente, irracional, desatinado, demencial, caótico e incomprensible que parezca la fidelidad soñadora del seguidor rojinegro es insuperable, como lo señala el sociólogo José Luis Juárez Contreras, quien trabajó por varios meses analizando el comportamiento de la porra autonombrada “La Fiel”: “Hice investigaciones a los barristas y te puedo decir que la identidad no se pierde, el aficionado de Atlas, aún aunque gane le irá al Atlas”.

Así el estado del arte, de este club solo podrían presumir sus instalaciones, el gran ambiente para jugar dominó, las canchas con el césped bien recortadito, el bonito campo de golf, que pasan las corridas de toros de España (en dos horarios), sus ricos desayunos, la charla con los muchos amigos atlistas que tengo, a los que les guardo un profundo respeto y admiración por tirarse voluntariamente al desfiladero con conocimiento del futuro futbolístico del equipo de sus desencantos temporada tras temporada, porque de campeonatos nada.

Esta es la radiografía del Atlas, sin excusas ni pretextos, no tengo claro cuántos gozarán o sufrirán al leer el presente artículo, de lo que estoy seguro es que no hay mentira ni maldad, solo triste realidad.


¡Feliz Aniversario?

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