INCONGRUENCIA PARANOICA

Palabras del presidente López Obrador al ser cuestionado respecto a la decisión de regresar al Ejército a realizar funciones de seguridad pública en el país: “que depongan su actitud nuestros adversarios, que piensen en el interés general, que piensen en el prójimo, que piensen en la patria, en la nación en México, que no los domine el egoísmo, la mala fe, que no se endurezcan, que no endurezcan sus corazones, que no los enajene el materialismo, el afán de lucro lo que en verdad no tiene valor”.

Existen dos constantes en el actuar del ejecutivo federal: la contradicción y su lucha encarnizada contra sus opositores, a quien culpa reiterativamente de los grandes problemas que afectan al país. A los fifís, a los conservadores, a la mafia del poder, a todo aquel que cuestione sus decisiones, sus políticas, sus dichos y, sobre todo, la incongruencia sistemática en el devenir de su administración.

La critica siempre será una necesidad imperiosa en un régimen que se considere democrático. La libertad de expresión y el acceso a la información son fundamentales para el ejercicio del debate público. La cerrazón y desestimar, por ser contrarias a lo que cree el mandatario, las voces de los medios, periodistas, empresarios, organismos de la sociedad civil y ciudadanos en general no solo atenta contra lo establecido en nuestra Carta Magna, son que demuestran una personalidad autoritaria, anacrónica e insensible.

¿Cómo no criticar las decisiones y los dichos de AMLO, cuándo él mismo se cansó de decir que iban en contra del pueblo? ¿Acaso no fue él quien ferozmente denostaba las “políticas neoliberales” de Fox, Calderón y Peña, acusando que eran mediocres porque no había crecimiento económico? ¿No fue López Obrador quien tenía la salvación de Pemex y que él bajaría los precios de los combustibles? ¿No prometió sacar al Ejército de las calles? Y una larga lista de promesas y críticas que hizo durante 18 años de campaña, a los gobiernos en turno, que hoy, la realidad le hace tragarlas todas, sin hacer gestos.

Lo más lamentable es que los hechos siguen exhibiendo su terquedad. No hay bienestar, incrementa impuestos, el crecimiento es negativo y sigue empecinado en sus faraónicos proyectos que no se traducirán en palanca del desarrollo en el corto plazo: una refinería y la cancelación de proyectos de energías limpias, un tren que atenta contra ecosistemas y patrimonios arquitectónicos y un aeropuerto caro y poco funcional y seguir inyectando recursos a Pemex.

De seguir como vamos, el sexenio de AMLO será recordado por la “esperanza” que nunca se materializó. Una “Cuarta transformación” de saliva, de culpas a opositores y por un presidente paranoico por los fantasmas del pasado, incongruente y poco sensible a opiniones contrarias a la suya.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *