GUILLERMO COSÍO, EL OFICIO DE LA POLÍTICA

Conocí a don Guillermo Cosío Vidaurri, en los setentas, cuando era Presidente Municipal de Guadalajara.

Era un hombre, que pese a su juventud, era un perfil de político viejo, hasta en su manera de vestir. Recuerdo sus trajes casi todos negros, o azul oscuro.

Todavía me da risa, cuando recuerdo que, como reportero de El Informador, me tocaba cubrir la fuente del Ayuntamiento de Guadalajara.

Daba entrevista todos los días, en su despacho de alcalde.

Era muy organizado, tenía los temas por escrito, y al dar la información, decía: coma, punto y seguido, punto y aparte. No había dato que se le escapara, de memoria citaba cifra y hasta el menor detalle de la obra más pequeña.

Era muy detallista. En una ocasión, yo estaba con Gabriel Covarrubias, en su despacho de la Presidencia Municipal, y le llamó Cosío, ya gobernador, para reportarle de dos adoquines que se aflojaron, por la avenida Hidalgo.

Hizo obras importantes. Destaca la línea 2, sin abrir la superficie, en poco más de 12 meses. Como ahora, no?.

Fue el último gobernador, que trajo agua a Guadalajara, con la construcción de la Presa Elias González, y el Acuaférico.

Cosío fue víctima de Salinas, y lo sacó de la gubernatura, a la mitad del sexenio, y lo desterró a Guatemala, para proteger las transas y criminales errores de sindicato y dirigentes de Pemex, que costó a Guadalajara cientos de vidas inocentes.

Alberto Cárdenas, un analfabeta funcional, que dejaba gobernar a sus funcionarios, persiguió a Cosío, y no encontró motivos para encarcelarlo e hizo una administrador muy inferior a la del hombre del barrio La Capilla de Jesús.

No he conocido todavía a un político, con la vocación y oficio de don Guillermo.

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