EL JUEGO DE AMLO

Desde pequeña me enseñaron el valor de dar tu palabra. Dar tu palabra representa hablar con la verdad. Cumplir la palabra empeñada describe a una persona en cuanto a su seriedad, honestidad y sinceridad.

Cuando el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció la firma de un documento donde claramente se establezca que no buscará la reelección, porque él no es un «ambicioso vulgar”, pensé no era necesario, recordé la Constitución de 1917.

El artículo 83 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece que, el ciudadano que haya desempeñado el cargo de Presidente de la República, electo popularmente o con el carácter de interino, EN NINGÚN CASO Y POR NINGÚN MOTIVO PODRÁ VOLVER A DESEMPEÑAR ESE PUESTO.

Aún y con el empoderamiento de los morenistas, Andrés Manuel, fue electo bajo nuestra actual Constitución, lo que indica que, un cambio en cuanto a la posibilidad de reelección no sería retroactiva; pero, pensar así es olvidar que hoy en día, el partido político en el poder se da el lujo de hacer y deshacer a su antojo.

El primero de diciembre, después de tomar protesta, López Obrador se definió como juarista, cardenista y maderista, partidario del «sufragio efectivo y de la no reelección».

En el penúltimo párrafo de su discurso dijo: «bajo ninguna circunstancia habré de reelegirme».

No veo necesidad de firmar un documento, con solo respetar la Constitución o darle valor a su palabra empeñada sería suficiente en una situación normal, pero no en el juego de López Obrador.

No me asusta la reelección presidencial, pero es un tema que se tiene que hablar de frente a la sociedad y no disfrazar una revocación de mandato para lograr su objetivo, Andrés Manuel López Obrador sigue en campaña y quiere estar en la boleta del 2021 y de esta forma medir su paso siguiente, y de contar con los números a su favor, no tengo duda de que sería la reelección.

Escuché al periodista Héctor Aguilar Camín contar que, en el segundo año de gobierno de Manuel González, quien había sucedido a su compadre Porfirio Díaz, éste llegó a explicarle porque razón su obra no se había podido terminar y necesitaba por lo menos una reelección, «solo una”, le decía y mientras Porfirio le explicaba, Manuel González abría los cajones de su escritorio buscando algo, hasta que Porfirio preguntó: «¿Pues qué estás buscando compadre?”, le respondió «Mire compadre, estoy buscando al idiota que le crea lo que me está diciendo». 

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