El error de la rifa del avión

El error de la rifa del avión

Por Carlos Alberto Reynoso

Desde el principio fue un error. El gran distractor del gobierno ha sido el avión presidencial, por eso el 17 de enero del 2020 el presidente López Obrador lanza la bomba de que lo va a rifar, agrega que se emitirán 6 millones de cachitos y que cada uno costará 500 pesos y que el ganador, además del avión, ganaría el servicio de operación de 1 o 2 años. Él solo se metió en este aprieto.

La falta de planeación y el desconocimiento de la ley no les permitieron saber que es ilegal que la LOTENAL rife premios en especie. Días después corrige, lo que se rifará será el costo del avión; dos mil millones de pesos.

Ante el absurdo escenario de que la señora de los tamales del mercado se gane tal cantidad se vuelve a corregir y se aclara que al ganador le darán el dinero en partes cada año. Días después vuelve a corregir y asegura que serán 100 premios de $20 millones cada uno.

En las cuentas alegres que presentó el director general de BANOBRAS, Jorge Mendoza, se informó que con la venta de boletos se recaudarían 3 mil millones de pesos. El costo de la rifa sería de $600 millones, se repartirían $2 mil millones y restarían $400 millones para la Secretaría de Salud. Les faltó contemplar la comisión del 10% que los vendedores de billetes reciben por la venta, que en el mejor escenario sería de $150 millones, es decir, la rifa solo generaría $250 millones de utilidad. ¿Vale la pena tanto desgaste?

Para no tener pérdidas, el gobierno se obligó a vender más de 90% del total de boletos. En una cena de tamales, presionaron a empresario a comprar la mitad del boletaje. Al día siguiente anunciaron que los empresarios adquirieron 3 millones de cachitos, lo que se desmintió el 13 de julio cuando LOTENAL informó que apenas se había vendido el 22.5% del boletaje emitido. La soberbia de suponer a un pueblo sumiso volcado a apoyarlos, pretendió que emularía el movimiento de Lázaro Cárdenas de 1938 con la expropiación petrolera y el pueblo bueno saldría en masa a entregar sus posesiones para “pagar el avión”.

Nada más alejado de la realidad. Todo el gobierno en pleno, incluidos Senadores, Diputados y Secretarios de Estado, orgullosos publicaron en redes haber comprado uno o más cachitos e invitaban al pueblo a comprarlos. Incluso el Gobernador de Tabasco, Adán Augusto López, presumió la compra de 100 mil pesos en cachitos. Presionaron a trabajadores del gobierno y a sindicatos a cooperar. Aun así la venta no mejoró, El presidente se tragó su orgullo y el 24 de agosto se subió al avión para promover su rifa. Tampoco resultó. En conferencia, López aseguró que solo se necesitarían vender 4 millones de cachitos para que el sorteo fuera rentable, falso, con eso solo garantiza el monto de los premios.

Ante el terrible escenario de ni siquiera llegar a la reducida cifra de los 4 millones, en una acción desesperada, el presidente encuentra recursos por $500 millones y comete otro acto populista que intenta engañar a sus seguidores; el gobierno se auto-compra 1 millón de boletos y regala 1,000 cachitos a cada uno de los mil hospitales covid y el INSABI adquiere 15,765 boletos.

Pudo repartir ese dinero directamente a los hospitales, prefirió dejarlo a la suerte. Si la suerte fuera una ciencia exacta, los hospitales ganarán el 16.93% de los premios, es decir $340 millones en 17 premios. Sí, la apuesta es a perder en este solo hecho, $168 millones.

Ya que tanto le gustan las rifas al presidente, pudo haber sorteado esos $500 millones y se otorgarían 25.4 premios de $20 millones, de manera segura y sin pérdidas.

En caso de vender el 75%, es decir 4.5 millones de boletos, se tendrá una pérdida de $514 millones además de los $500 millones que ya se gastaron y los 8 millones del INSABI, están corriendo el riesgo de que el mismo gobierno o políticos afines ganen alguno de los premios. ¿Qué pensará el pueblo si el IMSS, Yeikol, Noroña o Bartlett ganan la mayoría de los premios? Y luego viene la pregunta, ¿cuánto dinero invirtió el gobierno en la compra de cachitos? Mal negocio, muy malo.

La lectura que le deja esta rifa el presidente es clara:

  1. No tiene un equipo de gente preparada que planeé las acciones con inteligencia, que anticipe los problemas y los solucione antes de que pasen. Parece que el gobierno está conformado por un grupo de cortesanos incapaces de contradecir al monarca.
  2. El apoyo popular ni es tan grande como supone, ni es tan dócil como le gustaría. Y aunque sus seguidores defienden el hecho de la rifa, no se tragaron el cuento y no lo apoyaron como esperaba.
  3. La organización de la rifa seguirá desacreditando la capacidad del gobierno, lo evidencia sin preparación, sin idea, gobernando con ocurrencias sin sentido pero que deslumbran a los menos preparados.
  4. GOBERNAR SÍ TIENE CIENCIA.