ALMAGUER Y ABEL SALGADO, OLVIDAN QUIÉN LOS HIZO RICOS

Sí hay algún espacio, donde se pierden los valores, se desnudan a los seres humanos para mostrar sus miserias y carencias, es el escenario de la política.

Ahí es común la traición y la deslealtad, que desconocen servicios y favores recibidos, por personas e instituciones. Por eso, es difícil que ocurra la amistad verdadera con un político.

Y es que, aveces, hasta ponen a su familia, en un interés secundario, frente a los logros, especialmente los económicos, en su vida pública.

En Jalisco, los panistas, que llegaron tras una campaña de valores morales, especialmente la honestidad, en poco tiempo traicionaron toda clase de principios y valores, al grado de que los priistas ya eran vistos como románticos aprendices.

Emilio González Márquez, que pasó de vivir en la azotea de su suegra, a magnate, cerró la era pianista de 18 años, apoyando con fabulosas cantidades al candidato de un partido, distinto al suyo, y promovió una desbandada de panistas, hacia el partido de su amigo.

Los priistas de Jalisco, que andaban como perros tras un filete, hace apenas unos años, se fueron a la cargada con el joven político, Aristóteles Sandoval, y ahí hicieron fortuna varios de ellos, con poco dinero bien habido, y mucho dinero mal habido.

Todo, gracias al PRI.

Y uno, que no anda en la política, piensa en el agradecimiento y la lealtad, que le deben a su partido.

Pero no. Como los panistas y como las ratas, abandonan el barco, a la primera señal de zozobra.

Los últimos en renunciar al PRI, me llaman la atención. Se trata de dos candidatos priistas a Presidentes Municipales, y hoy son regidores.
Me refiero a Eduardo Almaguer, y Abel Salgado.

Ambos personajes accedieron a los privilegios del PRI, y de ser gente modesta, en materia económica, hoy llevan una vida de clase alta.

Igual que la comalada de pobres, que se hicieron ricos con el PAN, y abandonaron y mordieron la mano, de quien les permitió comer con manteca y vacacionar en Cancún, en lugar de Guayabitos, con sus hijos estudiando en Europa o Estados Unidos, en lugar de la UdeG.

No duda cabe, la política es como la casa del jabonero.

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