A LOS HECHOS… SOLO A LOS HECHOS.

A escena el nuevo enfrentamiento del presidente López Obrador, ahora descalifica a la mayoría de los medios de comunicación, argumentando que en México “no hay un periodismo profesional, independiente, no digo que objetivo, porque eso es difícil, la objetividad, es muy relativa pero ética. Son muy lejos de eso. Es parte de la decadencia que se produjo y lo mismo en la radio y la televisión. No generalizo, pero no supieron entender la nueva realidad. Le siguieron con lo mismo, desesperados, optaron muchos por la mentira”.

Esto me resulta un insulto a la inteligencia de una sociedad democrática, como la mexicana. El primer mandatario y principal obligado a garantizar el derecho a la información y libertad de opinión, agrede con su verborrea a aquellos que informan de sus actividades y acciones y al otro sector que se encarga de analizar sus actos de gobierno. Los medios están para informar, no para halagar y adular la figura presidencial o al poder político, como sucede en los regímenes totalitarios.

Esto está consagrado en la Constitución política mexicana, que establece en su Artículo 6, a la letra “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado. Toda persona tiene derecho al libre acceso a información plural y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión. Cabe resaltar que el fundamento de este se encuentra en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, emanados de la Revolución Francesa de 1789.

El derecho a la libre expresión es fundamental en toda democracia, ya que coadyuva en la formación del ser humano y en la mejora de su entorno. A más información disponible, mejores decisiones toman, y se involucra de manera libre, voluntaria y activa en los asuntos de su comunidad.

La sociedad democrática debe ser capaz de procesar la información que le proporcionan los medios, cuya objetividad debe ser un valor ético intrínseco al desempeño de su actividad. Se debe priorizar la transparencia en la forma de dar a conocer los hechos a la sociedad por encima de todo. Los medios al servicio de la gente, no de particulares o políticos y lo único que demuestran los ataques de AMLO es su desesperación porque su administración cada día suma voces que la repudian ante el desencanto de los pobres resultados y la percepción de que el futuro en poco o nada mejorará y quien se atreva a decir lo contrario para él será un fifí, un conservador, parte de la “mafia del poder” o un mentiroso. No cabe duda que nuestro presidente se quedó en los setenta y extraña profundamente la función de la prensa en un contexto autoritario.

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